
Hay muchos tipos de dibujo que me gustan. Mis favoritos son los que quieren decir algo. Como éstos.
La historia, aquí.
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Hay muchos tipos de dibujo que me gustan. Mis favoritos son los que quieren decir algo. Como éstos.
La historia, aquí.
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La tierra parecía algo no terrenal. Estamos acostumbrados a verla bajo la forma encadenada de un monstruo dominado, pero allí, allí podías ver algo monstruoso y libre. No era terrenal, y los hombres eran… No, no eran inhumanos. Bueno, sabéis, eso era lo peor de todo: esa sospecha de que no fueran inhumanos. Brotaba en uno lentamente. Aullaban y brincaban y daban vueltas y hacían muecas horribles; pero lo que estremecía era pensar en su humanidad -como la de uno mismo-, pensar en el remoto parentesco de uno con ese salvaje y apasionado alboroto. Desagradable. Sí, era francamente desagradable; pero si uno fuera lo bastante hombre, reconocería que había en su interior una ligerísima señal de respuesta a la terrible franqueza de aquel ruido, una oscura sospecha de que había en ello un significado que uno -tan alejado de la noche de los primeros tiempos- podía comprender. ¿Y por qué no? La mente del hombre es capaz de cualquier cosa, porque está todo en ella, tanto el pasado como el futuro. ¿Qué había allí, después de todo? Júbilo, temor, pesar, devoción, valor, ira -¿cómo saberlo?-, pero había una verdad, la verdad despojada de su manto del tiempo. Que el necio se asombre y se estremezca; el hombre sabe y puede mirar sin parpadear.
Joseph Conrad. El corazón de las tinieblas
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(…) cuando nos encontramos en un país con un alto grado de desarrollo, en una Holanda o en una Suiza, nos llama la atención el hecho de que toda la realidad material que nos rodea está igualmente desarrollada: las casas aparecen limpias y pintadas, no faltan cristales en las ventanas, el asfalto de las carreteras es liso, los pasos para peatones señalizados, las tiendas ofrecen una gran cantidad de productos, los restaurantes son limpios, cálidos, acogedores, los faroles de las ciudades están encendidos y la hierba de los céspedes, bien segada. El país con un desarrollo de enclaves ofrece un paisaje muy distinto. Allá, un lujoso banco está rodeado de casas desconchadas; un elegante hotel está en medio de unas calles sucias flanqueadas por chabolas; saliendo de un aeropuerto iluminado se entra en la oscuridad de una ciudad lóbrega y nada acogedora; junto al brillante escaparate de una tienda de Dior, aparecen los sucios, vacíos y oscuros escaparates de las tiendas autóctonas; junto a unos cochazos imponentes circulan unos autobuses urbanos viejos, malolientes y atestados de gente. Y todo esto se debe a que el capital (principalmente extranjero) se ha construido esos perfectos enclave en cuestión, pero, en cuanto al resto de país, ni puede ni piensa desarrollarlo.
Ryszard Kapuscinski. El imperio.
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Ivory Press cuelga dibujos de Norman Foster. Será del 1 al 19 de septiembre en su sede madrileña de la Calle Comadante Zorita, 48.
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Esta esquizofrénica existencia entre los dos mundos opuestos me hizo reflexionar sobre la diferencia principal, o incluso abismal, que en nuestra época se produce entre el tiempo de la cultura material (o, dicho de otra forma, de la vida cotidiana) y el de los acontecimientos políticos. En el medievo los dos tiempos mantenían un ritmo concordante, acorde: se tardaba siglos en construir las ciudades y siglos duraban las dinastías. Hoy la situación es diferente: las ciudades se construyen en decenas de años, mientras que los gobernantes, si es que no cambian cada cuatro meses, duran, como mucho, una década. El escenario político gira a un ritmo mucho más rápido que el de nuestra existencia cotidiana. Cambian los regímenes, cambian los partidos gobernantes y sus líderes, mientras el hombre gris vive como siempre ha vivido, sigue sin tener piso o trabajo; las casas siguen desconchadas, las calzadas de las calles aparecen llenas de socavones y la gente, desde la mañana hasta la noche, se dedica a intentar llegar a fin de mes. Tal vez por este motivo muchas personas dan la espalda a la política, que para ellas es otro mundo, un mundo que vive a un ritmo muy diferente del suyo: el ritmo en que transcurre la vida del hombre corriente.
Ryszard Kapuscinski. El imperio.
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A la palabra “progreso” le reconozco el único valor de ahorrar energía. El arado, la rueda, las herramientas, eso es lo que han obtenido. Lo más asombroso de nuestra especie es que las máquinas del progreso, del ahorro de esfuerzo, no han sido empleadas para obtener así más tiempo libre, sino al contrario, para aumentar el producto del trabajo. Aumentaban los utensilios del progreso y no disminuía el tiempo del trabajo. Nuestra especie acumulaba progreso, pero no alivio. La madre de mi amigo Giuliano Fachiri, hacia finales de los años cincuenta, tuvo por vez primera una lavadora. Por vez primera no debía lavar la ropa de sus cinco hijos varones ni de su marido. Al ver cuánto tiempo podía ahorrarse al día, dijo: “La verdad es que ahora me harían falta otros cinco hijos”. No se le pasó por la cabeza la idea de cuánto esfuerzo había realizado hasta entonces, ni la posibilidad de poder descansar; al contrario, en el tiempo que le sobraba podía cuidar de otros cinco hijos.
Erri de Luca. Tras los pasos de Nives
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A mi amigo Puño le han fusilado uno de sus monstruos los de Pull&Bear. A la izquierda, la obra del artista. A la derecha la copia descarada e ¿impune?
ACTUALIZACIÓN: mi amigo Joan me señala en un comentario este otro plagio sangrante , mi amigo Roque me recuerda este otro y mi amigo Eclectic Box nos dirige a este interesante blog sobre copias y plagios.
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He encontrado en un libro este cuadro de Bill Parry titulado “A bill poster fantasy”. Lo asombroso no es ni el tema ni la realización sino que es de ¡1855! ¿a que parece más moderno? ¿A que “suena” ese collage de tipografías? Parece ser que está en el Victoria & Albert Museum de Londres, pero con lo caótico y apabullante que es aquello a ver quién es el listo que lo encuentra.
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En una diligencia uno no es un hombre sino un objeto inerte, un fardo; no se diferencia uno mucho de su maleta. Se os transporta de un lugar a otro; eso es todo. Da igual quedarse en su casa. Lo que constituye el placer del viajero es el obstáculo, la fatiga, incluso el peligro. ¿Qué atractivo puede tener una excursión en la que se está siempre seguro de llegar, de encontrar caballos dispuestos, una cama mullida, excelente comida y todas las comodidades de que se puede disfrutar en casa? Una de las grandes desgracias de la vida moderna es la falta de lo imprevisto, la ausencia de aventuras. Todo está tan bien regulado, tan bien engranado, tan bien etiquetado que el azar no es posible; un siglo más de perfeccionamiento y cada uno podrá prever, desde el día de su nacimiento, lo que le sucederá hasta el día de su muerte. La voluntad humana será completamente aniquilada. No habrá ni crímenes, ni virtudes, ni fisonomías, ni originalidades. Resultará imposible distinguir un ruso de un español, un inglés de un chino, un francés de un americano. Ni siquiera podrán reconocerse entre sí, porque todo el mundo será igual. Entonces un inmenso aburrimiento se adueñará del universo y el suicidio diezmará la población del globo porque el principal móvil de la vida se habrá extinguido: la curiosidad.
Théophile Gautier. Voyage en Espagne. 1840
(Arriba, la tapa de una lata encontrada en la siempre sorprendente basura de Madrid)
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A decir verdad, no sabemos lo que incita al hombre a recorrer el mundo. ¿Curiosidad? ¿Anhelo irrefrenable de aventura? ¿Necesidad de ir de asombro en asombro? Tal vez: la persona que deja de asombrarse está vacía por dentro; tiene el corazón quemado. En aquellos que lo consideran todo deja vu y creen que no hay nada que pueda asombrarlos ha muerto lo más hermoso: la plenitud de la vida. Heródoto se sitúa en el polo opuesto. Con su continuo ir y venir, es un nómada infatigable, ocupado en mil cosas, rebosante de planes, ideas, hipótesis… Siempre de viaje. Incluso cuando está en casa (pero ¿dónde está su casa?), es porque o acaba de volver de un viaje o está preparando el siguiente, el cual ha de ser entendido como un esfuerzo e indagación, como un intento de conocerlo todo: la vida, el mundo, a sí mismo.
Ryszard Kapucinski. Viajes con Heródoto
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Estos dibujos de aquí arriba los he visto en el recomendabilísimo libro de Juan Bordes “La infancia de las vanguardias” (Ed. Cátedra, 2007), son obra de un niño francés de 1870 y me han recordado mucho a lo que hace mi amigo Michel Longuet, que no es un niño pero mira como si lo fuese.
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Edwards me dijo que en el CIC sabían perfectamente que Fortuna era un lugarteniente de Vito Genovese y me hizo un resumen biográfico de éste. Según él, Genovese no era como indicaban nuestros archivos ex secretario de Al Capone, ni siquiera era siciliano, sino que había nacido en Resigliano, cerca de Potenza. Había sido el segundo jefe de una familia de la mafia neoyorquina dirigida por Lucky Luciano, añadió Edwards, y había ocupado la jefatura cuando encarcelaron a Luciano, tras lo cual había sido reconocido como el jefe de toda la Mafia americana. Había regresado a Italia poco antes de que estallara la guerra, para eludir la acusación de homicidio en los Estados Unidos; se había hecho amigo de Mussolini, y luego, cuando cayó el Duce, transfirió su lealtad al Gobierno Militar Aliado, donde se cree que ejerce el poder entre bastidores. Genovese controlaba a los sindacos de casi todas las ciudades en un radio de ochenta kilómetros de Nápoles. Cedía los chanchullos a sus seguidores, cobrando una cuota de todo, echaba migajas de favor a quienes le seguían el paso y siempre encontraba la forma de castigar a la oposición. ¿Qué había que hacer? Nada, contestó Edwards. El CIC había aprendido rápidamente a no meterse en ningún asunto en que interviniera Genovese, que intervenía en casi todos. Muchos oficiales americanos habían sido elegidos para la campaña italiana porque eran de origen italiano. Se contaba que por esa razón se adaptarían fácilmente al medio. Y al parecer lo habían hecho de maravilla. Los italoamericanos del AMG controlaban la situación y sabían cerrar filas cuando les amenazaban desde el exterior. Un agente americano del CID (Departamento de Investigación Criminal) que había caído en la cuenta de que el célebre Genovese controlaba prácticamenté Nápoles, decidió investigar sus actividades actuales; se vio enseguida aislado e impotente, y la única recompensa que había recibido por sus molestias fue quedarse sin ascenso. ¿Y podría aplicarse esta situación, a su entender, en el caso de cualquier británico que amenazara los intereses de Genovese? Edwards no lo sabía, y me sugirió que siguiera adelante y lo averiguara. Sería muy interesante ver lo que ocurría.
Norman Lewis. Nápoles1944.
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La persona humana que parece andar perdido entre papeles en la foto de arriba es mi amigo Mauro Entrialgo. El libro de abajo es el último de su apabullante producción, “El cementerio de la familia Pis”, publicado por los también amigos de Blur y a la venta en la selecta lista de librerías que podéis ver aquí, en su blog.
Una entrevista con el susodicho, aquí.
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El descaro del mercado negro corta la respiración. Las fuentes oficiales llevan meses asegurándonos que roban el equivalente al cargamento de un barco aliado de cada tres que llegan al puerto de Nápoles. La última historia que circula es que cuando se prepara un golpe a gran escala y es necesario despejar el puerto para manejar artículos voluminosos, alguien se encarga de que suenen las sirenas de ataque aéreo y de que las cortinas de humo móviles proporcionen su niebla, a cubierto de la cual acuden a hacer su trabajo las tropas de asalto del contrabando. Los artículos robados se venden en la vía Forcella, y cerca de los juzgados (donde juzgan a diario por tenencia de artículos de los aliados a docenas de ladronzuelos independientes sin protección) pueden verse ahora expuestos descaradamente, colocados con buen gusto, adornados con cintas de colores, flores y etiquetas hábilmente escritas que anuncian la calidad de los artículos robados: COMPARE NUESTROS PRECIOS … PURA LANA AUSTRALIANA GARANTIZADA … Sl ENCOGE DEVOLVEMOS EL DINERO … PUEDE CAMINAR HASTA EL DÍA DEL JUICIO CON ESTAS ESPLÉNDIDAS BOTAS IMPORTADAS … SI NO VE EL ARTÍCULO EXTRANJERO QUE BUSCA, PÍDANOSLO Y SE LO CONSEGUIREMOS. Los sastres de todo Nápoles deshacen los uniforrnes, tiñen luego las piezas y confeccionan con ellas elegantes trajes civiles. Me han contado que aceptan encantados incluso los calzoncillos marianos del ejército británico, que a pesar del calor todavía llegan aquí; los tiñen de rojo y los convierten en lo último en traje de deporte.
Norman Lewis. Nápoles 1944.
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Mi amigo Michel Quarez, de quien ya he hablado aquí, ha hecho algunos dibujos para “Quartier d´eté”, el equivalente parisino de Los veranos de la Villa. Me gusta mucho cómo dibuja éste hombre
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18 de abril . El mercado negro prospera como nunca. Según el boletín de la oficina de guerra psicológica, el 65 por ciento de los ingresos per cápita de los napolitanos procede de las operaciones comerciales con artículos robados a los aliados, y un tercio de todos los suministros y el equipamiento importados seguían despareciendo en el mercado negro. Todos los artículos de equipamiento de los aliados, salvo fusiles y municiones, que dicen que se venden bajo cuerda, se exponen claramente a la venta en el mercado de Forcella. Se indicaba que en la inauguración de la ópera de San Carlo, todas las mujeres de clase media y alta llegaron ataviadas con abrigos confeccionados con mantas militares robadas. Sería facilísimo rastrear los artículos hasta los ladrones originales. Cuando propuse formas y medios para hacerlo, el oficial superior me dijo que el mercado negro no es asunto nuestro. En realidad, ya casi es de dominio público que funciona bajo la protección de los altos funcionarios del Gobierno Militar Aliado. Uno descubre pronto que por muchos subordinados que arresten y envíen a cumplir largas condenas de cárcel, quienes los emplean quedan siempre impunes. El jefe del gobierno militar es el coronel Charles Poletti, y con él trabaja Vito Genovese, que fue en tiempos jefe de la mafia americana y ahora es asesor suyo. Genovese nació en un pueblo cerca de Nápoles, ha seguido en estrecho contacto con el mundo del hampa, y es evidente que muchos de los sindacos de la Mafia-Camorra que han sido nombrados en las ciudades de los alrededores son candidatos suyes. Estos hechos, que antes eran secretos de Estado, son bien conocidos hoy por el napolitano medio. Pero no se hace nada. Por muchas denuncias que se presenten sobre las actividades de altos funcionarios del gobierno militar, ellos siguen donde están. La última historia que circula sobre “cierto funcionario de alto rango del Gobierno Militar Aliado” cuenta la jugarreta que le hizo la esposa de un conocido industrial. Por lo visto, este individuo había sido condenado a un año de cárcel por comerciar con artículos robados a los aliados. Su esposa fue al Beacon, el burdel más elegante de Nápoles, y pidió que le prestaran a la chica más inteligente del lugar. La vistió con su ropa más elegante, le puso sus joyas y le pagó 4.000 liras para que se hiciera pasar por ella, la esposa, y visitara al susodicho funcionario para suplicarle por la libertad de su esposo. La visita fue un éxito, y a los dos días, las verjas de la cárcel de Poggio Reale se abrieron para el industrial.
Norman Lewis. Nápoles 1944
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De mi reciente viaje a los Picos de Europa me he traído un curioso mapa editado por la Oficina de Turismo de Cangas de Onís en el que agregan al territorio asturiano la parte de Picos que pertenece a León y Cantabria. Al ponerme en contacto con ellos para llamarles la atención sobre este hecho tan poco accidental me han respondido amablemente diciendo entre otras cosas que “El principado de asturias considera que que se debe vender toda la comarca (El Parque Nacional de Picos de Europa)”.
Se “vendería” igual, creo yo, marcando en color el relieve de Asturias y dejando sin fondo aunque con indicaciones de carreteras y poblaciones la parte que corresponde a otras comunidades. Más que nada por lo que puedan pensar cántabros y leoneses…
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Pasé la noche bajo un cobertizo, detrás de Volkertsheim. Nada más a la vista, así que ahí me quedé, aunque sólo eran las cuatro y media. ¡Qué noche! Tan violenta era la tormenta que el barracón, a pesar de estar sólidamente construido, temblaba en sus cimientos: Por una hendidura de la cumbrera, la lluvia y la nieve llegaban vaporizadas, por lo que me sumergí en el heno. Me desperté durante la noche, y sentí que tenía un animal dormido sobre la pierna. Al moverme, tuvo más miedo que yo. Sospecho que era un gato. No creo haber conocido una tormenta tan terrible. Madrugada oscura, cada vez más sombría. Sólo al día siguiente de un gran infortunio, de una devastadora epidemia, se alza un alba así de fría y sombría sobre los campos. Afuera, la tapia más expuesta al viento está enterrada bajo la nieve. Los campos color ébano aparecen listados de blanco. La tormenta ha sido tan fuerte, que la nieve no ha caído en los surcos. Grandes nubarrones se persiguen. Las colinas más pequeñas, de apenas cien metros, están totalmente nevadas. Tomando envión, las perdices logran desprenderse, brevemente, del paisaje. En verdad, nunca en mi vida he presenciado semejante oscurecimiento. La nieve ha quedado adherida a los postes indicadores, resbala sin despegarse. Cerca de Rottenacker, llego al Danubio. Hallo pintoresco el puente, y me detengo largo tiempo contemplando fluir el agua. Un cisne, moteado de gris, luchaba a contracorriente. Detrás de él, la raja de un molino, y delante, hacia una de las márgenes, el agua cae en cascada, y le deja poco campo de maniobra. Cansado de luchar, tras un fuerte pataleo y muchos equilibrios, el cisne alcanza la otra orilla. Ingenios mecánicos, la mugre que queda al paso de los tractores, viento tormentoso, nubes bajas. De pronto, me veo rodeado de chiquillos: salen de la escuela. Al final del pueblo, me miran, y yo los miro.
Werner Herzog. Del caminar sobre hielo
(Arriba, una acuarela que hice del Windermere Lake durante una semana de caminar/dibujar en Lake Disctrict en 1990. Los reflejos son de un cristal)
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Un vergonzoso ejemplo de la perfidia y de las injusticias de esta guerra que orquestamos entre bastidores: el general no ha sido capaz de superar el episodio de las dos bandas rivales que libraron una batalla por el derecho a saquear uno de nuestros trenes, ni se ha aplacado por la noticia de la captura del bandido Lupo. Un hombre no basta. Quiere detenciones masivas. Ayer convocó a los jefes de policía italianos y los amenazó con toda suerte de sanciones, incluidas acusaciones de sabotaje, si no conseguían resultados inmediatos. Dicen que los jefes de policía replicaron que sus fuerzas disponían de muchísimo menos personal del necesario y que tenían las manos atadas por los exagerados escrúpulos que demostraban los aliados en el asunto de la represión. Sólo podían garantizar los resultados si se les daba carta blanca para solucionar este problema a su modo. Así que hoy he participado como observador en una de las operaciones del nuevo estilo: una incursión en una guarida de bandidos realizada por una fuerza conjunta de los Carabinieri y la Pubblica Sicurezza, con la orden de conseguir resultados a toda costa. En esta ocasión, las fuerzas combinadas eran unos cincuenta hombres, incluidos los mismos carabinieri que participaron en la operación de Frattamaggiore y el mismo comisario cara de hiena de la Pubblica Sicurezza, con su traje a rayas, granadas de mano “diablo rojo” y zapatos crujientes. Los campos en que entramos formando un círculo amplio que se fue estrechando gradualmente eran como el otro, cercados por inmensas parras, con casas como pequeños cubos grises y algún que otro pajar, donde los campesinos guardan los aperos y echan una siesta a la sombra cuando el sol aprieta más al mediodía. En uno de ellos encontraron a cuatro hombres armados. Se entregaron inmediatamente; los esposaron, los encadenaron juntos y se los llevaron. Ahora se plantea un problema: han hecho cuatro prisioneros y sólo pueden acusar a un hombre de bandidaje si pertenece a una asociación criminal de un mínimo de cinco personas. Así que los cuatro hombres detenidos, que por definición legal no eran bandidos, podían solicitar libertad bajo fianza casi con la certeza de que se les concedería. En este país hay cincuenta abogados por cada policía, y los abogados esperan ganar. Pero un bandido nunca puede quedar en libertad bajo fianza, y se enfrenta a una sentencia de cinco a treinta años. La solución de este caso fue ir directamente al pueblo más próximo y detener a un individuo que tenía antecedentes penales. El sería el quinto bandido que necesitaban. Su resignación era asombrosa. Besó a sus familiares, dejó que le encadenaran sin protestar; y se lo llevaron. Le esperaba la reclusión incomunicado en las férreas entrañas de Poggio Reale. Luego, el lento y prolongado deterioro físico y mental en la isla de Prócida, de donde apenas se conocía nada más que leyendas espeluznantes. Si alguna vez regresaba a su pueblo, sus hijos se habrían marchado y su mujer sería una anciana. Hubiera sido mejor y mucho más humano que los hubieran matado a los cinco disparándoles “cuando intentaban escapar”.
Norman Lewis. Nápoles,1944.
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