{"id":2009,"date":"2009-07-23T00:35:58","date_gmt":"2009-07-22T23:35:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.4ojos.com\/blog\/?p=2009"},"modified":"2009-07-27T00:04:34","modified_gmt":"2009-07-26T23:04:34","slug":"kim","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.4ojos.com\/blog\/?p=2009","title":{"rendered":"kim"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" style=\"margin-left: 100px; margin-right: 100px;\" src=\"http:\/\/www.4ojos.com\/blog\/imagenes\/viajes\/india\/figura3.jpg\" alt=\"\" width=\"500\" height=\"370\" \/><\/p>\n<blockquote><p><em>-Ahora, marchemos murmur\u00f3 el Lama.\u2028 Y acompa\u00f1ados por el tintineo del rosario anduvieron en silencio milla tras milla. El Lama, como de costumbre, iba abismado en profundas meditaciones, pero los brillantes ojos de Kim lo abarcaban todo, y pensaba que este amplio y sonriente r\u00edo de vida era un alivio despu\u00e9s de las estrechas y atestadas calles de Lahore. A cada paso ve\u00eda gente y cosas nuevas; castas ya conocidas y otras que le eran completamente extra\u00f1as.\u2028Encontraron una patrulla de sansis, de largos cabellos y olor penetrante, que llevaban a su espalba cestas de lagartos y otros asquerosos alimentos, e iban seguidos de flacos y escu\u00e1lidos perros que olfateaban sus talones. Esta gente marchaba por un lugar aparte de la carretera, andaban con un trote sostenido, r\u00e1pido y furtivo, y todas las dem\u00e1s castas les dejaban amplio espacio; porque el sansi es profundamente contaminador. Detr\u00e1s de ellos, caminando r\u00edgidamente a trav\u00e9s de la sombra intensa, se deslizaba un presidiario reci\u00e9n salido de la c\u00e1rcel y que conservaba a\u00fan las huellas de los grilletes; su vientre abultado y su piel reluciente eran prueba de que el Gobierno alimenta a sus presos mejor de lo que pueden alimentarse muchos hombres honrados. Kim conoc\u00eda esa manera de andar, y cuando pasaron por su lado lo remed\u00f3 con burla. En seguida un akali, de mirada extraviada y pelo enmara\u00f1ado, devotamente vestido con el traje a cuadros azules de su credo, y llevando resplandecientes tejos redondos de pulido acero sobre su azul turbante, pas\u00f3 majestuosamente, de regreso de uno de los Estados sikhs independientes. AlI\u00ed habr\u00eda estado cantando las antiguas glorias del Khalsa a los pr\u00edncipes educados en colegios ingleses: que llevan altas botas de campana y calzones de terciopelo blanco. Kim tuvo buen cuidado de no burlarse de \u00e9l, porque la c\u00f3lera del akali es fuerte y su brazo r\u00e1pido. De vez en cuando encontraban o eran dejados atr\u00e1s por alegres multitudes de aldeanos que regresaban de alguna feria local; las mujeres, con los ni\u00f1os sobre las caderas, marchaban detr\u00e1s de los hombres, mientras los chiquillos mayorcitos caracoleaban montados sobre ca\u00f1as de az\u00facar, arrastrando groseros modelos de locomotoras que costaban medio penique, o re\u00f1ejando el sol en los oios de sus padres con baratos espejos de juguete. A primera vista se notaba lo que cada uno hab\u00eda comprado; y si se ten\u00eda alguna duda, bastaba contemplar a las mujeres, que juntando sus brazos morenos. comparaban los reci\u00e9n mercados brazaletes de cristal oscuro que proceden del Noroeste. Esta alegre multitud marchaba lentamente, llam\u00e1ndose a gritos y deteni\u00e9ndose a regatear con un vendedor de dulces o a rezar ante alguna de las capillitas-unas veces indias, otras musulmanas- que se suceden a los lados del camino y que las castas bajas de ambas religiones se distribuyen con hermosa imparcialidad. Una larga l\u00ednea azul pas\u00f3 corriendo con un murmullo de r\u00e1pida charla, oscilando a trav\u00e9s del polvo vibrante como una inmensa oruga apresurada. Era una cuadrIlla de changars, esas mujeres que han acaparado el servicio de todos los muelles de los ferrocarriles del Norte. Casta de fuertes cavadoras, dotadas de anchos pies, gruesos pechos y miembros herc\u00faleos. Vest\u00edan faldas azules y viaJaban apresuradas hacia el Norte en busca de un nuevo destajo, no perd\u00edan el tiempo en el camino. Pertenecen a una clase en la que los hombres no son nada, y marchaban con los codos pegados al cuerpo, altas las cabezas y moviendo las caderas como mujeres acostumbradas a cargar grandes pesos. Poco despu\u00e9s desemboc\u00f3 en la Gran Carretera un cortejo nupcial, acompa\u00f1ado de m\u00fasica y gritos; un olor de cal\u00e9ndulas y jazm\u00edn, m\u00e1s fuerte que el vaho del Polvo, se esparci\u00f3 por el ambiente. A trav\u00e9s de la calina se tambaleaba la litera de la novia-una mancha de rojo y oropel-, mientras la enjaezada jaca del novio volv\u00eda la cabeza para arrebatar un bocado de hierba de un carro de forraje que pasaba a su alcance. Entonces Kim se uni\u00f3 al coro de buenos deseos y pesadas burlas, deseando a la pareja cien hijos y ninguna hija, como es la costumbre. Todav\u00eda m\u00e1s interesante y m\u00e1s gozoso era el caso del juglar vagabundo acompa\u00f1ado de algunos monos medio domesticados un oso jadeante y d\u00e9bil o una mujer con cuernos de chivo amarrados a los pies, que danzaba con ellos sobre la cuerda floja, asustando a los caballos y haciendo prorrumpir a las mujeres en prolongados alaridos de admiraci\u00f3n.&#8217;<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>Rudyard Kipling. Kim<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>-Ahora, marchemos murmur\u00f3 el Lama.\u2028 Y acompa\u00f1ados por el tintineo del rosario anduvieron en silencio milla tras milla. 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